El plan de jubilación

 

El plan de jubilación es otro producto nacido para canalizar el ahorro con la finalidad de complementar la jubilación. Si no se está familiarizado con la terminología financiera, es habitual que se confunda con los planes de pensiones. Su nomenclatura es similar. Su finalidad, idéntica. Es lógico que se produzcan tergiversaciones entre ambos productos. Sin embargo, son productos totalmente distintos. En el artículo de hoy, os enseñamos las diferencias.

¿Qué es un plan de jubilación?

Un plan de jubilación es un seguro de vida. Y como seguro que es, puede cubrir distintas contingencias. La variedad es amplísima, ya que tiene múltiples posibilidades de combinar coberturas. Sin embargo, las más frecuentes son las de jubilación, fallecimiento e invalidez.

Estos seguros combinan un elemento de riesgo con otro de ahorro. Por eso, se denominan técnicamente como seguros mixtos. Y esto, ¿qué quiere decir? Pues que ofrecen una prestación, bien en el caso de que fallezca el titular del seguro durante la vigencia del contrato, o bien en el caso de que viva al vencimiento de la póliza.

¿Cómo funciona el plan de jubilación?

Con el plan de jubilación, el beneficiario del contrato, que normalmente suele coincidir con su titular, recibe, a cambio de una prima que paga de forma única o periódica, el capital asegurado al término del contrato en caso de supervivencia, o con anterioridad a esa fecha en los supuestos de invalidez y muerte. En este último caso, como es lógico, el capital lo reciben los herederos del beneficiario del plan de jubilación.

Existe una gran variedad de modalidades en los seguros de jubilación, según sean las coberturas recogidas en la póliza, las prestaciones garantizadas, la fórmula de pago de las primas, etc… Estas posibilidades dan lugar a multitud de productos en función de las necesidades de cada ahorrador.

Diferencias entre plan de pensiones y plan de jubilación

La primera nota significativa que diferencia a los planes o se­guros de jubilación de los planes de pensiones es la liquidez.

Los primeros ofrecen al inversor la posibilidad de recuperar el ahorro acumulado mientras que los seguros son líquidos a través del ejercicio del llamado de­recho de rescate.

La legislación vigente exige a las compañías que, como mínimo, garanticen este derecho a partir del segundo año. En todo caso, las compañías pueden garantizarlo con anterioridad a este plazo.

Sin embargo, esta ventaja tiene su precio. Son las penalizaciones que aplican las compañías por rescatar el dinero acumulado. Estas penalizaciones pueden llegar a tener un fuerte impacto sobre la cantidad ahorrada. Sobre todo, durante los primeros años de vida del seguro, ya que las penalizaciones van disminuyendo a lo largo de los años.

La segunda diferencia importante entre los planes de pensiones y los seguros de jubilación radica en que estos últimos tienen la po­sibilidad de garantizar al ahorrador una tasa de rentabilidad. En con­creto, lo que garantizan es un interés mínimo anual, una revalori­zación mínima que la compañía asegura al cliente, pase lo que pase en los mercados financieros a lo largo de la vigencia del seguro.

Si el interés se asegura para un periodo superior a cinco años, la legislación impone un límite. Este interés mínimo no puede su­perar el llamado interés técnico. Con el vigente Reglamento de Or­denación y Supervisión de Seguros, es el Ministerio de Economía, a través de la Dirección General de Seguros, quien fija anualmente el tipo de interés técnico para las compañías de seguros.

Pero en los seguros de jubilación la rentabilidad garantizada no es la que finalmente obtiene el inversor. En este tipo de operaciones, el interés asegurado se completa con una participación en beneficios. Es decir, el cliente suele participar entre un 80 y un 90 por ciento en los beneficios finan­cieros que la compañía obtenga por las inversiones realizadas con sus aportaciones.

Así, la rentabilidad de los seguros de jubilación está en función de la revalorización que consiga la compañía aseguradora. No obs­tante, esta entidad asegura al cliente una rentabilidad mínima.

Como el interés que las compañías pueden garantizar a medio y largo plazo no resulta muy atractivo, dado los actuales niveles de los tipos de interés, las entidades han ideado un nuevo sistema. Este sistema consiste en asegurar rentabilidades superiores al interés téc­nico durante periodos cortos de tiempo.

Por ley, estos periodos no pueden superar los cinco años. Sin embargo, las compañías se cir­cunscriben a plazos entre dos y tres años. Una vez agotado este pe­riodo, las compañías vuelven a asegurar una nueva rentabilidad acorde con las circunstancias del mercado en ese momento, siempre por otro plazo menor a cinco años. Y así sucesivamente hasta el ven­cimiento de la póliza. Esta fórmula no suele contemplar la partici­pación en beneficios.

El producto de seguro Unit Linked

Otra de las posibilidades que ha surgido en el ámbito del seguro para invertir a largo plazo ante la caída de los tipos de interés han sido los «unit linked». Son productos en los que no se asegura al cliente ninguna rentabilidad. Pero a diferencia de los seguros clá­sicos, en el «unit linked» es el cliente quien marca a la compañía en lo que quiere que se inviertan sus aportaciones. Además, este tipo de seguros ofrecen la posibilidad al ahorrador de variar el destino de su inversión a lo largo de la vida del producto, al poder cambiar de fondo de inversión, en función de las expec­tativas que se tengan en cada momento.

 

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